Entonces un día, en un mediodía de verano, el tan esperado mensaje llegó... y lei aquellas palabras que hace tiempo hubiese deseado leer. No pude evitar sobresaltarme al recorrerlas con la vista una y otra vez. Nunca pensé o creí que pudiera escribirme nuevamente. No supe que pensar, simplemente sonreí y algo dentro mió imaginó una esperanza, una posibilidad de que lo imposible, lo incierto y lejano pudiera tal vez ser parte de mi nueva realidad. Todo había cambiado por cierto, ya no me sentía la misma persona que él había conocido años atrás. Se me ocurrió pensar que tal vez éste seria un cambio mas…
Tardé unos minutos en contestar, no sabía qué impulsaba a la persona que lo escribía a hacerlo en esta ocasión. Simplemente desee una y mil veces que las emociones que me invadían en ese momento las estuviéramos sintiendo los dos, exactamente a la misma vez. Lo cierto es que si esto sucedió nunca lo supe, ni lo sabré.
Intercambiamos algunas palabras, pero evidentemente había algo más detrás de aquel mensaje que atravesaba aquel caluroso mediodía del 4 de Febrero. La idea de vernos había quedado pendiente de algunos días atrás…
Hasta que sucedió. Por cierto un mediodía de sábado del mismo mes. Temía que aquella tarde fuera ocupada por el silencio y que al haber pasado tanto tiempo, al verlo no fuera a sentir lo que años atrás. Aun con todas estas dudas y esa inseguridad, me levante aquella mañana y decididamente fui a su encuentro. Deseaba ansiosamente saber de que se trataba todo esto.
Abrió la puerta de su casa y nos sonreímos el uno al otro, aún después de tanto tiempo manteníamos esa especie de mirada pícara que siempre nos caracterizó.
Lo encontré prácticamente igual. Parecía que de él nada hubiese cambiado. Al menos así lo veían mis ojos. Sin embargo, al comenzar nuestra charla, fue como volver a empezar. Muchas cosas habían sucedido en la vida de los dos. El tiempo nos había cambiado, nuestras vivencias ya no eran las mismas, ni siquiera nuestro aspecto físico lo era. No existía manera de que todo fuese a ser igual.
Pero afortunadamente, contra mis dudas, algo hizo que los silencios no se sucedieran y la charla fue una recapitulación y a la vez una nueva ventana que se abría a la vida de ambos.
Y la tarde nos encontró entre palabras y bebidas. Cada vez que miraba sus labios al hablar me daba cuenta que eran los mismos que todo este tiempo había besado en el recuerdo. Me di cuenta inconscientemente que había vivido extrañándolos.
Luego se sucedieron otras tantas cosas hermosas. Hubiese deseado que esa tarde dure por el resto de la eternidad. No se si ese era su deseo (tal vez ni siquiera lo pensó), quizás fui un poco egoísta, pero no podía evitar soñar con que esos minutos juntos no terminaran nunca mas. Sentía que la tarde se hacía eterna en sus brazos.
Pero inevitablemente el tiempo siguió su paso y aun sin quererlo, el sueño nos atrapó. Al despertar, ya había caído la noche, y un sentimiento de tristeza me invadió. Sabía que tenía que volver, que lo iba a dejar y no sabía si lo volvería a ver. Sabia que al entrar a mi casa me iba a colmar aquel sentimiento de vacío, aquella soledad de no tenerlo conmigo. Que al otro día me despertaría y sentiría que todo había sido tan solo un momento, que el no estaría al lado mió. Debía atravesar la puerta y enfrentar esa ola de sensaciones, deseando que pase rápido la larga noche para revivir nuevamente con el sol del próximo día.
El hecho es que las felicidades (si acaso son muchas) son tan solo pequeños momentos. Ese contraste que hay entre lo que a uno lo hace feliz y lo que no, hace que uno valore ciertas cosas, las mismas se guardan en la memoria como tesoros que llevamos dentro por toda nuestra vida. Parte de esos tesoros son los momentos que viví, que vivo con él. Solo de esta manera puedo decirle lo que significa para mí.
Tan vívido como lo relato fue como mis sentidos lo percibieron. Luego de ese día, como todo en la vida, cambia, y a pesar de que nos vimos otras veces, esos momentos de esa tarde en que ambos coincidimos con el cuerpo y el alma en el mismo momento y en el mismo lugar, solo se vivieron una vez y jamás volverá a suceder de la misma manera.
Mientras tanto, siento que lo tengo tan cerca y tan lejos a la vez, y todas la noches sueño que pudiera personificarse a mi lado solamente un segundo solo para ver su sonrisa desde cerca por un rato, antes de dormir.
Tal vez pronto vuelva a verte y me vuelvo ansiosa por besarte y abrazarte nuevamente. Mientras… nuestras vidas pasan anónimas como las de tantos otros en este mundo… y algún día, cuando tal vez sea demasiado tarde para los dos, me anime a decirte que probablemente, y sin explicación alguna, ya te amaba aun antes de conocerte…